Hasta que un dia, deje de orar.
En la profundidad de mi ser pensaba que no tenía sentido, había orado tanto: "Dame esto" "Dame aquello" "No soy feliz, ayúdame" "No quiero estar aquí", en ocasiones recibía respuestas que deseaba, otras veces no, solo había silencio en las alturas, y yo, me sentia mas desdichada, indigna, me decía que no tenía derecho a pedir, conectada con mi insatisfacción solo pensaba: "ya para qué, al final El hará lo que entienda".
Desistí de la oración, en rebeldía y decepción. Dejé de usar Su Nombre en mi vocabulario, comencé a buscar el bien en alguien más cercano, más real, más justo. Su Imagen, estaba evidentemente desmantelada.
Dejé de buscar afuera, comencé el viaje hacia adentro donde encontré mis partes rotas, mis espacios vacíos, todo aquello que nublaba el bien en mi interior y allí, entonces allí, en la oscuridad de mi historia, en lo angosto del camino hice una parada.
Miré a mi alrededor, el círculo de la vida me mostraba los espejos de mi centro, algunas imágenes demasiado vergonzosas como para sostener la mirada mucho tiempo, comprendí que el reflejo no se cambia en el espejo.
Allí en mi centro, conecté con la Luz, dancé con mis sombras, y continué el camino con el alma más consciente. En el viaje noté que algo me faltaba, tenia miedo de cada paso que daba, y si volvía a equivocarme? y si las cosas me salían mal? y si lo pasado pudo haber sido distinto? Era demasiado para cargarlo sola, después de todo estar conmigo misma fue maravilloso, pero, yo sola sería suficiente?
Para inicios del 2017, llegué atraída a la rueda de la Prosperidad, allí comprendí que para continuar el viaje había algo que agregar: Confianza. Como caminar si dudaba del suelo bajo mis pies? cómo caminar si temía por cada paso que diera? Entonces comprendí que Él estaba en Todo, en mis ojos ante el espejo, detrás de mis historias, mis lamentos, mis risas y mi camino recorrido. Nunca se fue, siempre El estuvo allí.
Aprendí a guardar silencio, a dejar de pedir, aprendí a escuchar, luego cual niña que aprende el lenguaje comencé a pronunciar mis primeras palabras: Gracias, Estoy receptiva, Estoy aquí, Te pido Dios una mayor conciencia de tu presencia, y sucedió, Él nunca se había ido.
No sé cuanto queda de recorrido, sólo sé, hoy, que dar cada paso, sabiendo que El esta ahí, se siente distinto, sólo sé, que cuando me susurra mi ojos brillan y sonrí, sólo sé que cuando El se muestra, mi felicidad es infinita y las lágrimas no alcanzan a expresar el regocijo de mi alma.
Hoy escribo en la antesala del próximo movimiento importante de mi vida, y aunque El no decide por mí, tengo la seguridad de que en cualquier decisión, El sigue ahí.
Gracias Dios.