Está ahí, latente, casi imperceptible a veces. Pero sabes que algo no anda bien. Aflora de manera inoportuna, te llama, te toca y te duele. Hace tanto tiempo que ya convive contigo, que es difícil ver sus detalles. La primera vez que dolió, decidiste avanzar, sin prestarle atención. No sanó, sólo te acostumbraste.
Así es el dolor emocional. Nos recuerda que algo una vez nos dio muy fuerte, también nos recuerda que elegimos avanzar y aguantarnos. Pudo haber sido que éramos muy pequeños para comprender o tal vez tiene tanto tiempo allí que lo consideramos "Normal", ¿qué mas da si ya cohabitamos con él?
Hasta que un día, su intensidad se hizo notar, nuestra alma nos guió a un evento que lo tocó, nos tropezamos y nos volvimos a lastimar. Entonces nos damos cuenta que ese tropezón no era grande para tanto dolor, sin embargo, así de fuerte dolio.
Comprendemos que este dolor no es nuevo, un evento nuevo (una relación, un fracaso, una situación difícil) nos sirvió como detonante para mirarlo nuevamente.
Cuando el dolor emocional se muestra, hay un llamado a la sanación. El primer paso para comenzar a sanar es comprenderlo.
Aqui te dispongo algunas preguntas que me sirvieron para conocer mejor mi dolor y darle así un buen lugar.
Siempre he pensado que una buena pregunta es como iluminar un espacio oscuro.
- Cuál es mi dolor?
- De qué formas se manifiesta?
- Cómo me habla mi dolor?
- En qué parte del cuerpo lo siento?
- Hacia donde mi dolor me esta invitando a mirar?
- A quién miro a través de mi dolor?
- Para cuál propósito me ha preparado mi dolor?
- Que he aprendido a hacer gracias a mi dolor?
Que la Luz te acompañe.